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                                               Gozo en medio del cáncer






En este mundo caído, no tenemos garantías de que todo “estará bien” todo el tiempo. De hecho, nuestro Señor nos prometió lo contrario:
Juan 16:33 “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
Una de las cosas que más dolor e incertidumbre puede causar en nosotros es la noticia de una enfermedad terminal, como pudiera ser un cáncer. Entonces nos preguntamos ¿Podemos pasar por aflicción y a la vez tener gozo?
Respuestas distintas:
Si Jesús es solamente un conocido y no una realidad en tu diario vivir, el gozo es de hecho imposible. Si vives solo para ti, si tu prioridad es saciar tus deseos de la carne, el cáncer destruirá completamente toda tu vida. Si vives enfocado en ti mismo, el final de tu bienestar es el final de tu identidad.
Job 20:4-5 ¿No sabes esto, que así fue siempre, desde el tiempo que fue puesto el hombre sobre la tierra, que la alegría de los malos es breve, y el gozo del impío por un momento?
Por otro lado, para el creyente, la enfermedad terminal es una oportunidad para que brille la luz de Cristo, para que se manifieste de manera clara uno de los frutos del Espíritu: el gozo. Un gozo que no depende de las circunstancias, sino de una actitud de dependencia y de rendición permanente al Señor.
Gálatas 5:22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo paz longanimidad, benignidad, bondad, fe.
Y es que el reino mismo de Dios, dice la Palabra, es esencialmente gozo:
Romanos 14:17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.
El reino de Dios, pues, es justicia, paz y gozo. Esta declaración implica que los cristianos pensamos y aun sentimos bajo los impulsos del Espíritu Santo: bajo la dirección de Dios. Así que nuestro gozo en realidad no proviene de nosotros mismos, sino que es causado por Dios, quien nos dirige y nos gobierna.
Gozo cumplido:
Hablar de gozo es hablar de una felicidad basada en que somos beneficiarios de promesas divinas que no cambian, en especial, la de salvación. Es hablar de una alegría que nace de la convicción de que Dios es inmutable y eterno, es decir, que no cambia ni muere. El gozo es posible cuando entendemos que podemos estar muy enfermos, pero también muy bendecidos, lo que nos lleva a estar conformes con lo que tenemos, aun cuando pasamos por el dolor de la enfermedad. Con esta conciencia, el apóstol Pablo ordena en su carta a la iglesia en Filipos que se mantenga gozosa siempre:
Filipenses 4:4 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!
Este gozo es parte de la esencia misma del cristianismo verdadero, la consecuencia de entender que el Dios de las Escrituras es Dios soberano.
Eclesiastés 7:13-14 Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció? En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.
Si creemos esto, nunca más consideraremos que la aflicción sea producto de la libre acción del enemigo de nuestras almas. Entenderemos que la enfermedad misma es parte del plan y de la obra de Dios en nuestras vidas. La adversidad es una de las cosas que Dios torció y que el hombre no puede enderezar, y ocurre para que el hombre no halle nada de qué quejarse, sino que entienda que Dios tiene todo bajo control. Así, vemos la adversidad, sabemos que Dios la hizo, mas no por ello respondemos contra Él ni permitimos que brote alguna raíz de amargura, sino que nos mantenemos gozosos, sabiendo que aunque la adversidad sea muy grande, el regalo que Dios nos ha dado al librarnos de la condenación eterna es infinitamente mayor.
Dios nos dio lo mejor que tenía para librarnos de lo peor que nos podía ocurrir, nos dio a su Hijo y nos rescató del fuego que no se extingue. Los efectos de una enfermedad terminal, ciertamente temporales, no se comparan al infierno. El cáncer puede destrozar tu cuerpo, pero no tocará tu alma. Puede causarte aflicción, pero no echarte al infierno. En cambio, el pecado sí puede hacerlo. Mediante su sacrificio, el Señor nos ha librado del poder del pecado, nos ha rescatado del dolor eterno para darnos en cambio una alegría que no se extingue. Ninguna aflicción será para siempre. Ante tal seguridad ¿cómo no tener gozo?
Salmo 34:19  Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.
Apocalipsis 21:4  Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.
Pon tu confianza en el Señor:
Mi amado hermano en Cristo que padeces una enfermedad terminal como el cáncer: te animo a poner tus ojos con gozo en lo que has recibido del Señor, en lugar de poner tus ojos con amargura en aquello de lo que careces; en este caso, la salud. A que pongas tu mirada en las cosas de arriba y no en las de este mundo, porque las cosas que se ven son temporales, más las que no se ven son eternas (2 Corintios 4:18).
Romanos 8:18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
En palabras de Pedro en su primera carta (1:7), nuestra fe ciertamente es “sometida a prueba” en medio de la enfermedad. Pero, a causa de ser un regalo de Dios, esa fe “más preciosa que el oro” será “hallada en alabanza, gloria y honra” cuando sea manifestado Jesucristo”. Si estás siendo pasado por ese “valle de sombra de muerte”, recuerda que el Salmo 23 también dice que cuando pasamos por ahí, el Señor está con nosotros para infundirnos aliento. Así que aprovecha el mal que sufres para acercarte más a tu Creador y para mostrar al mundo que nuestra fe no depende de las circunstancias sino de Aquel que sufrió por nosotros para librarnos para siempre del dolor.
Que el gozo que es fruto del Espíritu Santo salga a la luz y brille con gran esplendor en medio de la enfermedad y la aflicción que Dios mismo hace. Nuestros cuerpos se marchitarán. Pero el gozo del Señor, que es nuestra fuerza, nunca morirá.  
2 Corintios 5:1 Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.
Por tanto, vivamos para Cristo y no muramos para el cáncer.
Romanos 14:8 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.