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RELIGIÓN VS EVANGELIO

 

RELIGION: Obedezco; luego soy aceptado.

EVANGELIO: Soy aceptado; luego obedezco.

 

RELIGION: La motivación se basa en el miedo y la inseguridad.

EVANGELIO: La motivación se basa en un gozo agradecido.

 

RELIGION: Obedezco a Dios para conseguir cosas de él.

EVANGELIO: Obedezco a Dios para conseguir a Dios, deleitarme en él y parecerme a él.

 

RELIGION: Cuando las circunstancias de mi vida no van bien, me enojo con Dios o conmigo mismo porque creo, como los amigos de Job, que todo el que es bueno merece una vida placentera.

EVANGELIO: Cuando las circunstancias de mi vida no van bien, lucho, pero sé que si bien Dios puede permitir que eso me suceda para capacitarme, me hará sentir su amor paternal durante mi sufrimiento.

 

RELIGION: Cuando me critican, me siento enojado o devastado porque para mí es esencial pensar que soy una “persona buena”. Las amenazas a esa imagen de mí mismo deben ser destruidas a toda costa.

EVANGELIO: Cuando me critican, aunque lucho, no es esencial que piense que soy una “persona buena”. Mi identidad no se fundamenta en mi actuación sino en el amor que Dios me tiene en Cristo.

 

RELIGION: Mi vida de oración consiste principalmente en peticiones y solo soy ferviente cuando estoy en necesidad. El objetivo principal de mi oración es controlar las condiciones que me rodean.

EVANGELIO: Mi vida de oración consiste en momentos abundantes de alabanza y adoración. El objetivo principal de mi oración es tener comunión con él.

 

RELIGION: La visión de mí mismo oscila entre dos polos. Si y cuando vivo a la altura de mis estándares me siento seguro, pero entonces tiendo a ser orgulloso y antipático con la gente que fracasa. Si y cuando no vivo a la altura de los estándares, me siento humilde aunque inseguro; me siento fracasado.

EVANGELIO: La visión de mí mismo no se basa en una visión propia como alguien que alcanza logros morales. En Cristo soy pecador y perdido a la vez, pero aceptado. Soy tan malo que él tuvo que morir por mí, y soy tan amado que él gustosamente murió por mí. Esto me hace ser más humilde y sentirme más seguro, sin ser llorón ni jactancioso.

 

RELIGION: Mi identidad y valía propias se basan principalmente en lo arduo que trabajo o cuán íntegro soy, por eso debo menospreciar a quienes percibo como perezosos o inmorales. Los desdeño y me siento superior a los demás.

EVANGELIO: Mi identidad y autoestima se centran en el que murió por sus enemigos, incluido yo. Solo por pura gracia soy lo que soy, por eso no puedo menospreciar a quienes creen o practican otra cosa. No tengo ninguna necesidad interior de ganar argumentos.

 

RELIGION: Como miro a mi propia calidad o actuación para mi aceptabilidad espiritual, mi corazón fabrica ídolos. Pueden ser mis talentos, mi registro moral, mi disciplina personal, condición social, etcétera. Definitivamente necesito tenerlos para que sean mi mayor esperanza, significado, felicidad, seguridad y fundamento, diga lo que diga que creo acerca de Dios.

EVANGELIO: Tengo muchas cosas buenas en la vida: familia, trabajo, etcétera, pero ninguna de ellas son fundamentales para mí. No son cosas que definitivamente tengo que tener, por eso hay un límite en cuanto a la cantidad de ansiedad amargura o depresión que pueden producirme cuando se ven amenazadas o las pierdo.

 

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